Los países de América Latina que adhieren a las normas UPOV 91 (Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales) son Perú, Panamá, Costa Rica y República Dominicana. Como dijo APRONOR en el comunicado anterior, el milagro del crecimiento de la producción brasileña no se dio por adherir o no a estas normas, lo mismo que podríamos decir de Paraguay, Uruguay y Bolivia. El único país que prácticamente no creció en los últimos años es Argentina. Hay un factor común para esos países que crecieron: a sus productores no se les aplican Derechos de Exportación (DEX).
Estamos de acuerdo con que el presidente de la Nación cumpla con los acuerdos pactados, sin embargo, rechazamos que nuestro sector sea la moneda de cambio de dichos acuerdos. Para ser más precisos, no queremos ser inmolados en este proceso.
Un esquema que inmola al productor argentino
UPOV 91 va a representar para los productores argentinos severas limitaciones en el uso propio de las semillas, como así también cobros compulsivos e indiscriminados de regalías, entre otros perjuicios importantes. Estamos convencidos de que el uso propio no es un privilegio, ¡es una necesidad!
Mientras tanto, en el ámbito nacional, la Secretaría de Agricultura, a través del INASE (Instituto del Área de Semillas), con su Resolución 200/2024, nos deja prácticamente, de facto, sin el uso propio de numerosas variedades de semillas. Dicha resolución fue firmada por el abogado y presidente del INASE, el Dr. Claudio Dunan, en 2024. Como para que nos vayamos conociendo, el Dr. Dunan, previo a su paso por el INASE, fue integrante del directorio de BIOCERES. Esta es una de las tantas resoluciones gravosas para nuestro sector y que intentan distorsionar lo que consideramos una buena Ley de Semillas, la vigente.
Hasta aquí, vamos describiendo todo lo que se hace en nombre de un supuesto avance tecnológico. El gobierno y los semilleros lo que están tratando de instalar es que esta “mejor tecnología” compensa el mayor costo.
Sin embargo, es importante que la opinión pública conozca algunas realidades del norte de Argentina. Una de las variedades de soja más sembradas en cantidad de superficie en el NOA es AW 6410 IPRO; la misma tiene más de 15 años en el mercado y la mayoría de las nuevas variedades, Conkesta y/o Enlist, no la pueden superar en rendimiento, tanto a campo como en macroparcelas. Así como en el caso de la soja, pasa también en otras autógamas, por ejemplo, garbanzo, donde el precio de consumo es de 240 USD por tonelada, cuando, como semilla certificada, llega a costar hasta 2800 USD la tonelada. Si se adaptan bien a las condiciones productivas del norte, no importa: el productor tendrá que pagar, aunque probablemente seguirá usando las variedades adaptadas a nuestra zona; pero, pagando la semilla “certificada”, queda dentro del marco “legal”.
Muchos semilleros apilan genes mediante el procedimiento de edición génica (hoy en día no es ni complejo ni caro) en variedades de soja que ya tienen años en el mercado; les cambian el nombre, las inscriben y, de esta forma, nace una nueva variedad que, generalmente, no supera a la original. Además, los genes de resistencia a herbicidas o insectos, en muchos casos, ya no funcionan: se quebró la resistencia/tolerancia para el fin que fue agregado. Por supuesto, pagamos este “avance genético”. Aun así, en herbicidas volvimos a usar herramientas prehistóricas; en insecticidas, lo mismo: estamos usando productos que usaban nuestros padres. Nadie mide o le importa el impacto ambiental.
El productor que busca incluir cultivos de servicio (trigo, centeno, vicia) para mejorar sus lotes con su propia semilla, no con un fin de cosecha —porque los costos y la imprevisibilidad de nuestra zona lo hacen inviable económicamente—, deberá dejar sus campos vacíos. Seamos claros: el Estado está para recaudar, no para perder tiempo en detalles productivos…
En el caso del maíz, el comité “Salvemos al Maíz”(1) reclamó y pidió a distintas autoridades, tanto del SENASA como de la Secretaría de Agricultura nacional y provinciales, que se agregue el estatus sanitario frente a achaparramiento con la misma escala en las bolsas/flyers de los distintos híbridos, desde principios de 2024, con resultado nulo. Si esto ocurriera, no se podrían vender híbridos sensibles a más de un productor desprevenido.
Todos estos padecimientos que viven los productores argentinos son apenas una pequeña parte de la realidad que nos toca, tanto en la actual administración como en anteriores, siempre acompañados de un llamativo silencio de las grandes gremiales de productores.
¿Producir o desaparecer? La producción de semillas en un mercado cartelizado
Para finalizar, consideramos importante recordar que el secretario de Agricultura, el Dr. Sergio Iraeta, declaró hace unos días que los DEX serían totalmente eliminados al finalizar un eventual segundo mandato del presidente, Javier Milei.
Como agricultores que queremos un sector que trabaje con libertad, les pedimos que sean previsores: no es un hecho un segundo período, no se cumplieron promesas, se confunde a la opinión pública y se falta a la verdad.
Señores productores, estamos hablando de perder nuestra soberanía, porque el control de lo que se va a sembrar y el costo que tendrá producir alimentos en Argentina va a estar en manos de personas con sus oficinas en Estados Unidos.
El sector está a punto de ser inmolado con una peligrosa mezcla de derechos de exportación y UPOV 91.
1- El Comité Salvemos al Maíz está conformado por la Asociación de Productores Agrícolas Ganaderos del Norte Argentino (Apronor), la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), el Colegio de Ingenieros Agrónomos y Zootecnistas de Tucumán (CIAZT) y los Grupos Consorcios Regionales de Experimentación Agropecuaria (CREA) del NOA.


