La larga batalla contra el Alepo

Como los superhéroes de los cómics, a cada paso el sorgo de Alepo conquista nuevos superpoderes, que en este caso se usan para el mal, básicamente para deprimir los rindes de los cultivos que alimentan al mundo. Esta maleza tiene elevada capacidad de adaptación a diferentes ambientes y a nivel mundial existen más de 30 casos de resistencia confirmados, principalmente a inhibidores de ALS, ACCasa, glifosato, inhibidores de microtúbulos, y resistencias múltiples que combinan diferentes modos de acción.

Aapresid destaca que, en la Argentina, se han registrado cuatro casos de biotipos resistentes. El primero fue al glifosato en 2005, y el último es un biotipo con resistencia múltiple a cletodim, haloxifop-metil y glifosato. La REM calcula en 12 millones de hectáreas la superficie con individuos resistentes a glifosato, mayormente marcada en el centro y norte del país. Y subraya que la resistencia a graminicidas (ACCasa) se ha dispersado hasta casi la mitad de los departamentos mapeados desde el norte del país hasta el sur de Buenos Aires.

¡Al ataque!

En esta batalla el comportamiento de la maleza cuenta mucho. Para Marcelo de la Vega, de la U. T. N., corresponde considerar los rendimientos relativos totales (referencia de la competencia intra e interespecífica) y su agresividad. Cuando las poblaciones de malezas son altas, la agresividad es baja; pero al reducirse el número de individuos, aumenta la agresividad y es por eso que las poblaciones se incrementan.

De la Vega aconseja «cuidar las últimas balas que nos quedan». Se refiere a los químicos. «El control de Alepo de semilla es efectivo mediante herbicidas preemergentes, nunca debemos prescindir de ellos. En el caso del control de individuos de rizoma, la dinámica es otra».

La apreciación obedece a que, si se pierde la parte aérea -helada, químicos-, el rizoma cuenta con azúcares simples que le sirven para poder respirar y tomar energía. Cuando la temperatura del suelo es la adecuada, libera esa energía a las yemas para que generen los vástagos aéreos, originando rizomas secundarios que luego termina engrosando. «Cuando la planta tiene aproximadamente 50 cm de altura (180 a 200 °d) es el momento crucial para efectuar controles efectivos».

Conviene cuidarlos

Entre los modos de acción hay que preservar los inhibidores de ALS, como las imidazolinonas y sulfonilureas (nicosulfuron), que funcionan muy bien en algunos controles; no hay que presionar sobre ellas con un uso repetido, porque la adaptabilidad de la maleza también se las llevará puestos. Los graminicidas ACCasa -que aún funcionan- en combinación con ALS son una posibilidad concreta de buena efectividad en condiciones favorables; todo dependerá de la sincronicidad con la dinámica de la maleza. También aparecen desecantes como MSMA, PPO (epirifenacil), paraquat o glufosinato de amonio que ayudan a controlar la parte aérea y a desgastar el rizoma, o a controlar plántulas que provienen de semilla antes de los 40 días de emergidas.

«No hay que basar los controles o el manejo en una sola herramienta. Si se pretende poner en caja a este enemigo, la estrategia básica debe ser la multiplicidad de mecanismos de acción combinados entre sí en mezclas y también con estrategias de tipo cultural, conociendo la biología de la maleza y sus momentos de control más efectivos», concluye el especialista.

Aapresid

Fuente: Agritotal.