Análisis climático y un balance productivo favorable en los lotes
Desde la perspectiva del impacto climático y el manejo productivo, la campaña se comportó de manera relativamente favorable para los cultivos extensivos principales en la región. Las precipitaciones experimentaron algunos baches e insuficiencias iniciales que retrasaron ligeramente la siembra, pero luego se regularizaron hasta superar los promedios zonales en los periodos críticos. Si bien se registraron temperaturas elevadas, no tuvieron un impacto tan negativo como en campañas anteriores, aunque las constantes lloviznas de fines de abril y mayo dificultaron las condiciones ideales de cosecha.
«Fue una campaña relativamente favorable desde lo climático. Las precipitaciones se regularizaron superando los promedios zonales en los periodos críticos, aunque tuvimos dificultades al momento de la cosecha por las constantes lloviznas de fines de abril y mayo.» — Ing. Javier Martinez, Secretario de APRONOR.
En este marco, bajo un esquema de campos arrendados que abarca casi el 70% de la superficie agrícola del país, los productores obtuvieron rindes finales de entre 2.500 y 4.000 kg/ha. No obstante, los lotes de menor rendimiento apenas alcanzaron para empatar —necesitando entre 2.300 y 2.500 kg/ha solo para cubrir gastos operativos básicos y alquiler—, evidenciando que las buenas cosechas de esta campaña solo sirven para sostener la estructura y no alcanzan para cubrir las deudas arrastradas de años anteriores.
«Los años buenos apenas alcanzan para empatar y sostener la estructura, mientras que los años malos hunden al productor en el endeudamiento. Este descalce impide generar el fondo anticíclico indispensable para la sustentabilidad del NOA.» — Ing. Hugo Meloni, Presidente de APRONOR.
Sin embargo, este saldo positivo contrasta fuertemente con el marco financiero y de insumos. La campaña estuvo marcada por tasas de interés para préstamos elevadísimos e inaccesibles, obligando al productor a afrontar altos costos por capital de trabajo frente a insumos dolarizados y acumulando un pasivo financiero que se suma al arrastre de ciclos anteriores.
La trampa logística: fletes duplicados, escasez de camiones y saturación portuaria
El talón de Aquiles operativo residió en una crisis logística sin precedentes. En primer término, los precios de los fletes hacia los puertos sufrieron una duplicación nominal frente a la campaña anterior: de 40.000 a 45.000 pesos por tonelada en el ciclo pasado, los valores treparon abruptamente hasta los 85.000 pesos y cifras superiores. A este tarifazo se sumó una severa escasez de unidades de transporte impulsada por la saturación en la zona núcleo y demoras crónicas en las descargas portuarias.
«Los fletes al puerto se duplicaron, saltando de 40.000 a más de 85.000 pesos por tonelada. A la escasez de camiones por la saturación en la zona núcleo se le suma la precariedad de nuestros caminos y la escasa capacidad de los acopios locales, disparando costos por personal parado.» — Ing. Macarena Ramos, Vicepresidenta de APRONOR.
A nivel local, la falta de capacidad operativa de los acopios regionales impidió una recepción fluida, provocando paradas intermitentes en la recolección y elevando los costos improductivos por personal y maquinaria detenidos.
Presión fiscal asfixiante y asimetrías frente al modelo de Brasil
Al contrastar con modelos competitivos como el de Brasil —con estabilidad cambiaria, crédito accesible y retenciones cero—, el productor del NOA soporta una carga tributaria confiscatoria. Los derechos de exportación actúan como el principal distorsionador: de cada cuatro camiones con destino al puerto, uno se destina íntegramente a tributos nacionales, mientras los tres restantes deben absorber ganancias, ingresos brutos, sellos, arrendamientos y deudas arrastradas.
Perspectivas complejas para el maíz y mensaje institucional firme
De manera preliminar, la campaña de maíz en curso experimenta un escenario trabado y complejo, fuertemente afectado por factores climáticos adversos —como los vientos zonda registrados en las últimas semanas— y por una compleja presión sanitaria vinculada a la presencia de la chicharrita (Dalbulus maidis) y el consecuente achaparramiento. Esta combinación de factores provocó el vuelco y quebrado de espigas, además de niveles de humedad inadecuados para un correcto embolsado y almacenamiento.
Ante este diagnóstico integral, el mensaje político e institucional de APRONOR hacia los gobiernos nacional y provincial es categórico: el sector exige reglas de juego estables, reducción a cero de retenciones, baja de ingresos brutos, inversión en infraestructura vial y líneas de financiamiento competitivas que aseguren la sustentabilidad y eviten la expulsión de productores en el NOA.


